martes, 18 de marzo de 2025

UN PAPÁ ASTUTO Y SABIO

 En la vida a ratos, es un dolor de cabeza, para los que crecemos, tener en casa unos padres verdaderamente educadores, astutos, en medio de la fatiga de sus trabajos y todas sus ocupaciones, que parecería que en el fondo no tienen tiempo, para resolver los problemas de la familia y particularmente de sus hijos, de todos, sobre todo cuando son  cinco o seis.

Era precisamente nuestro caso, éramos muchos. pero a pesar de todo, había tiempo para la discusión y también tiempo para descubrir la verdad, en medio de los pequeños, que poco a poco crecíamos en medio de incertidumbres y otras circunstancias de pobreza familiar.

Una de las cosa, que más temíamos , era el castigo de nuestro padre. Un hombre fuerte, drástico y a ratos implacable con sus determinaciones. Hablaba poco, pero sus decisiones momentáneas eras muy fuertes para nosotros los hijos. Tan fuertes, que negociábamos los castigos, preferíamos los castigos tiernos de nuestra madre y no la drasticidad de nuestro papá.

Un día se perdieron en la casa cinco centavos(servían, como para comprar un triquitraque, pólvora, o un turrón de coco) en aquélla época. Casi ahora de adulto, creo que los habían colocado para educarnos en la verdad y en la responsabilidad.

Cuando llegó mi padre, preguntó, quién había tomado los cinco centavos(ahora por arte de magia desaparecidos), pero como el miedo era tan grande al castigo de nuestro padre, no aparecía ningún culpable. 

Mi padre entonces, tuvo una idea sensacional. Trajo una caja de palillos de dientes, de ésos que usaban en los restaurantes baratos, para después del almuerzo, o en otras reuniones, para las picadillas de carnes, quesos etc. A cada uno nos dio un palillo de aquéllos, mirándonos a los ojos y diciendo lo siguiente : "El que tomó los cinco centavos, se le va a "crecer" el palillo, por mentiroso y a ése , le voy a dar una pela". Todos tomamos temblando el palillo, y nos marchamos rezando al buen Dios, que no creciera, porque el dolor de ser castigado por mi padre, era fatal para cada uno de nosotros.

Pasaron los cinco minutos, que mi padre astutamente, nos había proporcionado, con la "amenaza  de castigarnos" porque quien tomó los cinco centavos, sería merecedor de una fuerte muenda por parte de mi padre. Así, que regresamos uno a uno, en orden, temblando y pidiendo al buen Dios, que el bendito palillo, no hubiera crecido, para que quizás mi padre no se equivocara en el castigo.  

Uno a uno entregábamos el palillo, bajo la mirada astuta de mi padre, que seriamente nos miraba a los ojos, sabiendo que uno de nosotros, hubiera tomado los cinco centavos. Hasta que uno de los palillos, apareció partido( el golpe de la conciencia y el temor) habían logrado la evidencia para mi padre. Así, que tomó el palillo partido(recortado), llamó a su dueño y le castigó por mentiroso, por abusivo.


Años después, comprendo la sabiduría y la astucia de un padre, que en medio del trabajo y la fatiga, tenía tiempo para corregir, premiar o castigar a sus hijos. Porque en medio de todos, los socios del club le donaban a mi padre, pases de cortesía, para ir los domingos gratis al cine.

martes, 7 de enero de 2025

7- LA PROVOCACIÓN EN EL DEPORTE (enero 7/2025)

 Cuando ingresamos al seminario, existía una gran diferencia entre los estudiantes de clases acomodadas, que venían todos de una institución privada y otros, que llegábamos de distintas escuelas públicas. Como era normal, las escuelas públicas, el deporte callejero y otras cosas más, nos habían hecho buenos deportistas distintos a otros, con diferentes oportunidades.

Entonces, iniciaban los partidos y se juntaban todos los que venían del mismo colegio privado. El resto de los sobrevivientes, nos juntábamos por inercia, constituyendo el resto del mundo. Los partidos eran divertidos, en los juegos los primeros que venían del mismo colegio, se llamaban por el nombre, habían crecido juntos, tenían simpatía por sus compañeros etc. Los demás, veníamos de escuelas diversas, no teníamos en común, nada más que el deseo de jugar , de competir etc. Éramos buenos jugadores, ágiles, capaces, resistentes etc.

Las goleadas contra los del grupo de estudiantes provenientes del colegio privado, eran impresionantes, continuas etc. Hasta que un día, no soportaron más perder y decidieron mezclarse con los niños de escasos recursos. Todo fue cambiando poco a poco, para diversión y tranquilidad de todos. Pero los que estaban acostumbrando a perder, comenzaban a ganar, a triunfar mezclados con buenos jugadores. Pero lógicamente les dolía perder. 

En alguna ocasión uno de los niños anotó un gol y fue a cantarlo al rostro del arquero vencido, así que el arquero se quitó los guantes y comenzó la persecución del goleador para desaparecerlo de la faz de la tierra, a lo cual el jugador desapareció como un rayo, hasta que todo volviera a la normalidad y a la calma. Cosa de niños.


Jesús Hernando Camacho Mosquera.

6- LOS POBRES AL PAREDÓN (enero 7/2025)

 En los acontecimientos de nuestro seminario, algunos de los profesores, conocían mucho ciertas familias, desde hace algún tiempo y conservaban ciertas simpatías, amistades, percibían ciertas ayudas al colegio de dichas familias. Pero sus hijos, no eran tan honorables como sus padres, madres y familiares en general. De tal modo, que se dejaba percibir una cierta complacencia con los hijos de los padres conocidos.

Otros éramos los desconocidos, los hijos de las personas de escasos recursos, que ingresábamos al seminario, becados para poder resistir las economías familiares y demás. Algunos trabajábamos los sábados en otros campos del seminario, para poder pagarnos el estudio y poder sobrevivir con cierta dignidad. Así, porque la fatiga para permanecer era doble.

Una tarde, el profesor de literatura, que era uno de los mejores educadores del lugar, con gran exigencia para el estudio, nos hacía leer, grandes obras como el Quijote de la Mancha, Dante La Divina Comedia, aprendiendo incluso algunos versos de la obra en su idioma original.

Ante la exigencia y la cantidad de tareas, propuestas por la institución, el deseo de unos niños de jugar , de realizar todo tipo de deportes, no quedaba mucho tiempo para estudiar y profundizar en las obras, que sentíamos anticuadas, sin interés del momento por dichas obras. De tal manera , que cuando llegaba el momento de dar razón de las obras, habíamos leído saltando renglones, comprendiendo poco de los personajes, menos de los autores y decíamos lo que en pocos instantes, mientras esperábamos el bus antes de llegar al colegio, o leíamos, mientras caminábamos rumbo al salón de clases. En resumen...nada inteligente del contenido de las obras.

Uno de los compañeros de escasos recursos, había leído un poco de la obra . El profesor al preguntarle le puso una nota baja, demasiado baja. A continuación, preguntó el mismo tema a uno de los compañeros, que estaba sentado inmediatamente del alumno, ya interrogado. Sus labios parecían pronunciar otro idioma, imperceptible para su compañero interrogado, pero el profesor que estaba a distancia que en el fondo no entendía el privilegiado estudiante, dio una gran nota felicitando al segundo entrevistado.

De pronto aquél de escasos recursos protestó diciendo, yo que estoy a su lado, ni siquiera entendí lo que dijo mi compañero y usted que está a distancia, lo premia con una gran nota. Iracundo, verde de la ira, el compañero tiritaba de violencia, de resentimiento etc ante la supuesta injusticia.

Entonces el provocador profesor, pidió al iracundo alumno, tomar el libro llamado "Español en acción", un libro antiguo, con páginas marcadas por los años y pidió al irado estudiante depositarlo con fuerza sobre la meza. Lo cual fue un divertido placer delante de todos los estudiantes, cuando con toda la fuerza del universo, el libro cayó cerca al profesor , con unas risotadas de todo el salón y el respectivo descanso catártico del  estudiante provocado.


Jesús Hernando Camacho Mosquera.

5- EN LAS ALTURAS (enero7/2025)

 Las clases , donde por muchas razones no asistían los profesores, se pedía a los estudiantes aprovechar al máximo el tiempo. Ya fuera leyendo, estudiando con otro compañero en baja voz, para evitar perturbar a los estudiantes de los salones vecinos. Esta era la recomendación dada por los profesores del lugar.

Pero en el fondo, cuando uno de los profesores faltaba, nuestros deseos cambiaban de objetivos con respecto al estudio. Los utilizábamos para conversar, para hablar de cosas de niños y jóvenes, del deporte etc . y en algunas ocasiones, para hacer apuestas con premios incluidos, para los estudiantes más osados y arriesgados, en el ambiente que nos rodeaba. Así, que el espectáculo maravilloso comenzaba.

A uno de los estudiantes, mirando la altura de las cerchas metálicas que rodeaban el techo del salón, le hicimos la propuesta de cruzar desde las alturas el techo, por unas cuantas monedas. La propuesta sonó agradable a los oídos, de uno de los más atrevidos y arriesgados compañeros.

Tomó impulso cerca a la ventana, mientras todos gritábamos al unísono, animando la hazaña para lograr el triunfo, mientras nos divertíamos con ver colgado cruzando en las alturas y pasando por nuestras cabezas, al osado estudiante.

De repente en medio del bullicio, hubo un silencio, como cortado por un filo existencial extraordinario y las miradas que se dirigían a las alturas, se desdibujaron para fijarse en la puerta y observar una figura de baja estatura, que se ubicó en el dintel de la puerta. Casi ni respirábamos, tragando toda posible sonrisa, que pudiera aflorarse en nuestros labios y una mirada fija al señor Obispo, vestido de negro que nos miraba fijamente, para descubrir el misterio que nos acompañaba.

De pronto, algo cayó de arriba con estruendo impactante, espantando al señor Obispo. Era nuestro compañero Armando (cambio de nombre), que fatigado en las alturas y ante la presencia del señor Obispo, que aún no lo descubría en las alturas, perdió las fuerzas de sus manos y vino a caer en el piso, causando a nuestro Maestro un terrible susto.

Cuando aterrizó, vimos la palidez de nuestro Obispo y la reacción inmediata, esperaba por todos infalible y exacta: "Niñito, ya mismo se va para su casa" (esas palabras correspondían a la expulsión momentánea del seminario). 


Jesús Hernando Camacho Mosquera.

4- LA SERPIENTE EN EL SALÓN (eenero7/2025)

 Era habitual en el seminario menor, tener algunas clases con el señor Obispo. Durante la explicación de cada uno de los temas, se observaba un silencio casi sepulcral. Con gran dominio, inteligencia, simpatía, los estudiantes seguíamos atentamente cada una de las distintas enseñanzas que cambiaban y transformaban nuestras vidas, con gran exactitud. Lo cual notaban nuestros propios padres, familiares amigos en dichos aprendizajes.

Una tarde, durante una de sus clases de religión, el señor Obispo miraba con atención y curiosidad, que había movimientos muy raros en el fondo del salón, acompañados de un silencio sepulcral que caracterizaban todas sus explicaciones, lo cual hacía efectivo el aprendizaje. Por un momento hizo silencio, observaba con cierta curiosidad y preguntó, con su acento bogotano: "Qué pasa allá atrás niñito?"

El seminarista con un poco de timidez y con una ligera prontitud, respondió: "Una culebra Monseñor". Al instante movido y en sobresalto como si lo hubiera tocado un rayo, el obispo iniciando apenas la clase importantísima de religión afirmó:" Se acabó la clase niñitos". Todos sorprendidos, entendimos el mensaje. Me voy para ustedes puedan sobrevivir, luchar, hacer ruido, saltar sobre los pupitres , pero no en mi presencia (interpretación dada por el autor). Entonces, cuando el obispo cruzó la puerta apresuradamente, llovieron, tizas, cuadernos, gritos, empujones, todo contra el pobre animal, que debería evacuar el recinto del aprendizaje.


Jesús Hernando Camacho Mosquera.

3-EL SEÑOR DEL BOXEO Y DEL PANDERO (enero7/2025)

 Una de las cosas más habituales de nuestros compañeros de estudio, era realizar bromas con toda la picardía que podríamos lograr. Algunas de ellas, se daban mientras esperábamos el bus que nos conduciría al colegio seminario, donde toda la vida posible pasaba de una manera agradable, llena de aprendizajes, aventuras etc.

Pero mientras llegaba el bus, era ocasión para pasar por las tiendas, donde las golosinas y panderitos, eran la exquisitez de los jóvenes. Mientras s llegaba la hora del bus, uno de los compañeros decidió ir a comprar algo de dulces para acompañar la tarde. Cuando entró a la tienda, descubrió que el anciano vendedor, con una cabeza bien redonda, típica en el propietario del lugar, daba la espalda a la vitrina. Ocasión para grandes tentaciones. 

Aprovechando la espalda del vendedor le dijo con voz de adulto: "Arriba las manos, es un atraco". El vendedor, pálido, asustado y obediente levantó sus manos para conservar la vida, delante del insuceso que creía había tocado con tan mala suerte a su negocio. El silencio se prolongaba y el dicho asaltador, no hablaba, sino que conservaba un gran silencio. Así que como un milagro, le llamó por el nombre y le dijo que tranquilo que era solamente una broma. A lo que el vendedor descubriendo que era uno de los habituales estudiantes, que pasaban por el lugar no soportó el susto que le había dejado en algunos instantes paralizado y frío como el hielo. Así, que sacó su mano derecha y la descargó en la cara del supuesto atracador. Ya con un ojo colombino (colorado) pidiendo perdón, se marchó llorando hacia el bus que nos esperaba a todos sanos y salvos, mientras que el jovencito lucía un pómulo golpeado por la broma realizada al vendedor.  


Jesús Hernando Camacho Mosquera.

lunes, 6 de enero de 2025

2-LA CONCIENCIA ES LO QUE USTED NO TIENE

 Una de las cosas más simpáticas de los recuerdos compartidos, era el profundo respeto que teníamos por el Señor Obispo del colegio. Ëramos aproximadamente cerca de ochenta jóvenes, gritando, jugando, riendo, saltando, en un bullicio incréible, que podríamos derrumbar las montañas por el ruido. Pero cualquiera de las anteriores situaciones, podrían cambiar, congelarse en el tiempo, cuando veíamos un carro Volskwagen, blanco , subir al seminario menor, cuyo contenido humano, era el Señor Obispo. Un silencio sepulcral instantáneo se daba en el ambiente, como si todas las pequeñas historias de niños y jóvenes, quedasen congeladas en el tiempo.

A veces su llegada, era imperceptible, silenciosa y sorprendía toda clase de estudiantes en miles de picardías, travesuras, subidas en los árboles etc. El castigo podría ser la expulsión por algunos días del colegio, llamar a nuestros padres para informar un comportamiento anormal del joven estudiante en el colegio. O una premiación de final de semana, calificado con vales, que denotaban la indisciplina del estudiante, o la altura, cultura o educación y por lo tanto premiación del niño que progresa.

La ocasión , llegó cuando una tarde de tantas el señor Obispo entró sigilosamente al colegio, en medio del inicio de las clases, nosotros los estudiantes e grupo en tiempo aparentemente libre, que la indicación en ésos momentos era bien clara(aprovechar, para estudiar en silencio), pero la inexperiencia, la simpatía, la camaradería de todos los compañeros de grupo, era gozar y  gozar, bromear etc.  Uno de los compañeros aprovechando la ausencia de los profesores se paró de espaldas a la puerta y recordaba la lección para dar en la próxima clase, haciendo de gracioso profesor en la imitación. Todos reíamos a carcajadas, hasta que en un momento, todo pareció congelarse en el tiempo, por la figura que alcanzamos a descubrir en la puerta. El único que de espaldas a ella, no lo veía, continuaba con su discurso , sin saber la presencia que le esperaba al girar y dijo : "Muchachos, con una sonrisa de oreja a oreja... saben qué es la conciencia?". Y un frío congelaba y petrificaba las miradas, hasta que se oyó la voz, de quien estaba a las espaldas del joven dicianeod. " La conciencia, niñito es lo que usted no tiene y se va para su casa" La historia, continuará por el autor del momento.



Jesús Hernando Camacho Mosquera.