martes, 7 de enero de 2025

5- EN LAS ALTURAS (enero7/2025)

 Las clases , donde por muchas razones no asistían los profesores, se pedía a los estudiantes aprovechar al máximo el tiempo. Ya fuera leyendo, estudiando con otro compañero en baja voz, para evitar perturbar a los estudiantes de los salones vecinos. Esta era la recomendación dada por los profesores del lugar.

Pero en el fondo, cuando uno de los profesores faltaba, nuestros deseos cambiaban de objetivos con respecto al estudio. Los utilizábamos para conversar, para hablar de cosas de niños y jóvenes, del deporte etc . y en algunas ocasiones, para hacer apuestas con premios incluidos, para los estudiantes más osados y arriesgados, en el ambiente que nos rodeaba. Así, que el espectáculo maravilloso comenzaba.

A uno de los estudiantes, mirando la altura de las cerchas metálicas que rodeaban el techo del salón, le hicimos la propuesta de cruzar desde las alturas el techo, por unas cuantas monedas. La propuesta sonó agradable a los oídos, de uno de los más atrevidos y arriesgados compañeros.

Tomó impulso cerca a la ventana, mientras todos gritábamos al unísono, animando la hazaña para lograr el triunfo, mientras nos divertíamos con ver colgado cruzando en las alturas y pasando por nuestras cabezas, al osado estudiante.

De repente en medio del bullicio, hubo un silencio, como cortado por un filo existencial extraordinario y las miradas que se dirigían a las alturas, se desdibujaron para fijarse en la puerta y observar una figura de baja estatura, que se ubicó en el dintel de la puerta. Casi ni respirábamos, tragando toda posible sonrisa, que pudiera aflorarse en nuestros labios y una mirada fija al señor Obispo, vestido de negro que nos miraba fijamente, para descubrir el misterio que nos acompañaba.

De pronto, algo cayó de arriba con estruendo impactante, espantando al señor Obispo. Era nuestro compañero Armando (cambio de nombre), que fatigado en las alturas y ante la presencia del señor Obispo, que aún no lo descubría en las alturas, perdió las fuerzas de sus manos y vino a caer en el piso, causando a nuestro Maestro un terrible susto.

Cuando aterrizó, vimos la palidez de nuestro Obispo y la reacción inmediata, esperaba por todos infalible y exacta: "Niñito, ya mismo se va para su casa" (esas palabras correspondían a la expulsión momentánea del seminario). 


Jesús Hernando Camacho Mosquera.

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