Una de las cosas más simpáticas de los recuerdos compartidos, era el profundo respeto que teníamos por el Señor Obispo del colegio. Ëramos aproximadamente cerca de ochenta jóvenes, gritando, jugando, riendo, saltando, en un bullicio incréible, que podríamos derrumbar las montañas por el ruido. Pero cualquiera de las anteriores situaciones, podrían cambiar, congelarse en el tiempo, cuando veíamos un carro Volskwagen, blanco , subir al seminario menor, cuyo contenido humano, era el Señor Obispo. Un silencio sepulcral instantáneo se daba en el ambiente, como si todas las pequeñas historias de niños y jóvenes, quedasen congeladas en el tiempo.
A veces su llegada, era imperceptible, silenciosa y sorprendía toda clase de estudiantes en miles de picardías, travesuras, subidas en los árboles etc. El castigo podría ser la expulsión por algunos días del colegio, llamar a nuestros padres para informar un comportamiento anormal del joven estudiante en el colegio. O una premiación de final de semana, calificado con vales, que denotaban la indisciplina del estudiante, o la altura, cultura o educación y por lo tanto premiación del niño que progresa.
La ocasión , llegó cuando una tarde de tantas el señor Obispo entró sigilosamente al colegio, en medio del inicio de las clases, nosotros los estudiantes e grupo en tiempo aparentemente libre, que la indicación en ésos momentos era bien clara(aprovechar, para estudiar en silencio), pero la inexperiencia, la simpatía, la camaradería de todos los compañeros de grupo, era gozar y gozar, bromear etc. Uno de los compañeros aprovechando la ausencia de los profesores se paró de espaldas a la puerta y recordaba la lección para dar en la próxima clase, haciendo de gracioso profesor en la imitación. Todos reíamos a carcajadas, hasta que en un momento, todo pareció congelarse en el tiempo, por la figura que alcanzamos a descubrir en la puerta. El único que de espaldas a ella, no lo veía, continuaba con su discurso , sin saber la presencia que le esperaba al girar y dijo : "Muchachos, con una sonrisa de oreja a oreja... saben qué es la conciencia?". Y un frío congelaba y petrificaba las miradas, hasta que se oyó la voz, de quien estaba a las espaldas del joven dicianeod. " La conciencia, niñito es lo que usted no tiene y se va para su casa" La historia, continuará por el autor del momento.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
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