En los acontecimientos de nuestro seminario, algunos de los profesores, conocían mucho ciertas familias, desde hace algún tiempo y conservaban ciertas simpatías, amistades, percibían ciertas ayudas al colegio de dichas familias. Pero sus hijos, no eran tan honorables como sus padres, madres y familiares en general. De tal modo, que se dejaba percibir una cierta complacencia con los hijos de los padres conocidos.
Otros éramos los desconocidos, los hijos de las personas de escasos recursos, que ingresábamos al seminario, becados para poder resistir las economías familiares y demás. Algunos trabajábamos los sábados en otros campos del seminario, para poder pagarnos el estudio y poder sobrevivir con cierta dignidad. Así, porque la fatiga para permanecer era doble.
Una tarde, el profesor de literatura, que era uno de los mejores educadores del lugar, con gran exigencia para el estudio, nos hacía leer, grandes obras como el Quijote de la Mancha, Dante La Divina Comedia, aprendiendo incluso algunos versos de la obra en su idioma original.
Ante la exigencia y la cantidad de tareas, propuestas por la institución, el deseo de unos niños de jugar , de realizar todo tipo de deportes, no quedaba mucho tiempo para estudiar y profundizar en las obras, que sentíamos anticuadas, sin interés del momento por dichas obras. De tal manera , que cuando llegaba el momento de dar razón de las obras, habíamos leído saltando renglones, comprendiendo poco de los personajes, menos de los autores y decíamos lo que en pocos instantes, mientras esperábamos el bus antes de llegar al colegio, o leíamos, mientras caminábamos rumbo al salón de clases. En resumen...nada inteligente del contenido de las obras.
Uno de los compañeros de escasos recursos, había leído un poco de la obra . El profesor al preguntarle le puso una nota baja, demasiado baja. A continuación, preguntó el mismo tema a uno de los compañeros, que estaba sentado inmediatamente del alumno, ya interrogado. Sus labios parecían pronunciar otro idioma, imperceptible para su compañero interrogado, pero el profesor que estaba a distancia que en el fondo no entendía el privilegiado estudiante, dio una gran nota felicitando al segundo entrevistado.
De pronto aquél de escasos recursos protestó diciendo, yo que estoy a su lado, ni siquiera entendí lo que dijo mi compañero y usted que está a distancia, lo premia con una gran nota. Iracundo, verde de la ira, el compañero tiritaba de violencia, de resentimiento etc ante la supuesta injusticia.
Entonces el provocador profesor, pidió al iracundo alumno, tomar el libro llamado "Español en acción", un libro antiguo, con páginas marcadas por los años y pidió al irado estudiante depositarlo con fuerza sobre la meza. Lo cual fue un divertido placer delante de todos los estudiantes, cuando con toda la fuerza del universo, el libro cayó cerca al profesor , con unas risotadas de todo el salón y el respectivo descanso catártico del estudiante provocado.
Jesús Hernando Camacho Mosquera.
No hay comentarios:
Publicar un comentario